jueves, 26 de octubre de 2023

16. “CONOCER A DIOS ES VITAL EN EL DESARROLLO DEL CARÁCTER”

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. (Jeremías 9:23,24).

Una vez recibida la fe del Evangelio, la siguiente tarea del creyente consiste en añadir virtud a su carácter y así limpiar el corazón y preparar la mente para la recepción del conocimiento de Dios. 

Este Conocimiento es el fundamento de toda verdadera educación y de todo verdadero servicio. Es la única auténtica salvaguardia contra la tentación; y solamente eso puede asemejarnos al carácter de Dios. 

Por medio del conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, se imparte al creyente "…todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad…" (2Pedro 1:3).

Ningún buen don se niega al que sinceramente desea obtener la justicia de Dios. "Y esta es la vida eterna -dijo Cristo-: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3).

Y el profeta Jeremías declaró:... "Yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jer. 9:24).

Difícilmente puede la mente humana entender la anchura, la profundidad y la altura de las cimas espirituales a que llega el que obtiene este conocimiento.

Nadie necesita dejar de alcanzar, en su esfera, la perfección de un carácter cristiano. Por medio del sacrificio de Cristo se ha hecho provisión para que el creyente reciba todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad.

Dios nos invita a que alcancemos la norma de la perfección y nos pone como ejemplo el carácter de Cristo. En su humanidad, perfeccionada por una vida de constante resistencia al mal, el Salvador demostró que al cooperar con la Divinidad, los seres humanos pueden alcanzar en esta vida la perfección del carácter. Esta es la seguridad que Dios nos da de que nosotros también podemos obtener una victoria completa.

Delante Del Creyente se extiende la maravillosa posibilidad de llegar a ser semejantes a Cristo, obedientes a todos los principios de la ley... La santidad que según la Palabra de Dios debe manifestar antes de ser salvo, es el resultado de la obra de la gracia divina, a medida que se somete a la disciplina y a las influencias refrenadoras del Espíritu de verdad. 

La Obediencia del hombre sólo puede ser perfecta gracias al incienso de la justicia de Cristo, que satura de fragancia divina cada acto de obediencia. La parte que le toca a cada cristiano consiste en perseverar en la lucha para vencer toda debilidad de carácter.

 Debe orar constantemente al Salvador para que sane las dolencias de su alma enferma de pecado. No tiene la sabiduría ni la fuerza para vencer por sí solo; pertenecen al Señor, y El las confiere a los que buscan su ayuda humildes y contritos. -Los hechos de los apóstoles, págs. 438, 439. RJ306/EGW/MHP 307

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=v7ucQpqpSXA&list=PLtrFh-HO7ogAhSCQQNknR0y3dwN8Pp3F9&index=27&pp=gAQBiAQBsAQB

  

lunes, 4 de septiembre de 2023

15. “INVITAR A LA GENTE PARA QUE LLEGUEN A SER HIJOS DE DIOS”

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 1 Juan 3:1.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica así mismo, así como él es puro”. 1 Juan 3:2.

En esta escritura se describen los privilegios cristianos que, comparativamente, comprenden sólo muy pocas personas.

 Cada uno debería familiarizarse con las bendiciones que Dios nos ha ofrecido en su Palabra. Nos ha dado muchas promesas en cuanto a lo que hará por nosotros. Y todo eso que ha prometido es hecho posible por el sacrificio de Cristo en favor de nosotros.

Juan el Bautista dio testimonio de Aquel por medio de quien podemos llegar a ser hijos e hijas de Dios... “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.

La filiación divina no es algo que obtenemos por nosotros mismos. Sólo a los que reciben a Cristo como su Salvador se les da la facultad de llegar a ser hijos e hijas de Dios. El pecador no puede librarse del pecado por ningún poder inherente. Para el logro de este resultado, debe buscar un Poder superior.

Juan exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Sólo Cristo tiene poder para limpiar el corazón.

 El que busque perdón y aceptación, sólo puede decir: “Nada traigo en mi mano, sólo me aferro a la cruz”.

Pero la promesa de filiación se brinda a todos los que “creen en su nombre”. Todo el que venga a Jesús con fe, recibirá perdón.

Tan pronto como el penitente mira al Salvador para que lo ayude a volverse del pecado, el Espíritu Santo comienza su obra transformadora en el corazón. “Más a todos los que le recibieron, les dio poder de ser hechos hijos de Dios”.

Qué incentivo para un esfuerzo mayor debe ser esto para todos los que están tratando de presentar la esperanza del evangelio ante quienes aún están en las tinieblas del error. The Review and Herald, 3 de septiembre de 1903. [256]

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=ri2LsLAEbgg&list=PLVsLdOIe7sVth_iTmO5piM9oND-0LC-Hr&index=5&pp=gAQBiAQBsAQB